El apego es la forma que tenemos los seres humanos de vincularnos. Desde muy pequeños (los primeros momentos de vida), aparece este mecanismo que nos ayuda a garantizar nuestra supervivencia: que tengamos un cuidador cerca que satisfaga nuestras necesidades físicas es fundamental cuando somos bebés y no podemos lograr el alimento o la protección por nosotros mismos. Sin embargo, numerosos estudios nos dicen que las necesidades afectivas son, al menos, tan importantes como las físicas. De esta forma, el apego es el mecanismo encargado de transmitir seguridad al niño en momentos de peligro (percibido). Con toda esta información, no es de extrañar cada vez más padres se esfuercen en mejorar el apego de sus hijos.

 

¿Por qué es importante el apego de nuestros hijos?

Existen varios tipos de apego, en función de las respuestas que los peques esperen de sus cuidadores. El apego seguro lo tienen los niños que saben que sus cuidadores no van a fallarle. Sin embargo, el apego se manifiesta mucho más allá de la infancia, ya que los aprendizajes que vamos a tener de forma temprana sobre las relaciones se van a manifestar en la edad adulta. Es mucho más probable que un niño que ha desarrollado un apego seguro, se convierta en un adulto seguro de sí mismo, capaz de entender sus emociones y de gestionarlas adecuadamente.

 

¿Qué podemos hacer para mejorar el apego de nuestros hijos?

El apego consta de dos partes. Se han desarrollado numerosas metáforas para explicar ambas partes: por ejemplo, “los niños necesitan raíces y alas para crecer felices”. Esto quiere decir que los niños necesitan vinculación y también exploración.

Te animamos a reflexionar sobre la vinculación con tus hijos y los puntos a cambiar para mejorar el apego:

  • ¿Les transmites protección o seguridad?
  • ¿Les ayudas a entender lo que pasa? Tanto a nivel interno: “creo que estás enfadado porque Juan te ha quitado el juguete”, como a nivel externo “tenemos que usar mascarilla porque hay coronavirus”.
  • ¿Les reconoces (en sentido de reconocimiento)? Cada niño necesita sentirse único y especial y es muy complicado muchas veces transmitirles que lo son.
  • ¿Validas sus emociones de forma genuina? Entiendes (con el corazón y no con la cabeza) lo que está sintiendo. ¿Compartes sus emociones y le ayudas entender por qué sienten lo que sienten?
  • ¿Animas su exploración? La curiosidad es una característica del ser humano que le lleva al aprendizaje del mundo que le rodea. En ocasiones, los adultos sufrimos con esta exploración y puede ser complicado mantener un equilibrio entre “fomentar su exploración” y “garantizar su seguridad”.
  • ¿Les pones límites? Los niños necesitan límites para desarrollarse felices. Es normal que se “rebelen” contra ellos, porque esa es la forma en la que descubren que existen. Sin embargo, al marcar un límite les transmitimos preocupación y seguridad. Los límites deben ser: claros, coherentes y anticipables.

 

¿Y si me equivoco alguna vez?

Muchos p/madres llegáis a consulta muy preocupados, porque, aunque conocéis lo que tenéis que hacer para mejorar el apego de vuestros hijos, nos sois capaces de cumplirlo el 100% de las veces. Es normal. Los m/padres somos humanos y muchas veces nos exigimos algunas cuestiones que no vamos a ser capaces de cumplir. Por un lado, tenemos que rebajar las expectativas que tenemos respecto a nuestra crianza.

Por otro lado, es muy importante este modelo que aportamos a nuestros hijos: “equivocarse forma parte de la vida”. Con vuestros errores estáis dando permiso a vuestros hijos a “no ser perfectos”, pero, además, les enseñáis cómo actuar ante una equivocación y mostráis la importancia de pedir perdón y reparar el daño.

 

Si tras leer este artículo, os gustaría que revisásemos juntos las dificultades que encontráis como padres en esta área, recordad que podéis pedir cita para una entrevista gratuita en info@lapuertaazul.net o en el 634 505 585.

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