¿Qué puedo hacer si mi hijo tiene muchos miedos?

por | Ene 7, 2021 | BLOG, Familia, Psicología infantil | 0 Comentarios

En nuestro centro vemos con frecuencia muchos padres preocupados por los miedos de sus hijos. Generalmente, nos encontramos con padres que relatan que su hijo ha ido encadenando un miedo con otro desde que era pequeño, y que llegados a nuestra consulta ya no saben qué hacer. Si sientes que la frase “es que mi hijo tiene muchos miedos” te representa, sigue leyendo, esto te puede interesar.

¿Qué es el miedo?

El miedo es una emoción básica, que se encuentra en todas las culturas y al igual que el resto de emociones primarias, tiene una función adaptativa. El miedo sirve para protegernos de los peligros y salvaguardar nuestra vida y nuestra integridad. Tenemos miedo a que nos atropelle un coche, a que nos pique un escorpión o a que nos grite nuestro jefe. Según cuál sea nuestro estilo de vida algunos miedos cobrarán más fuerza que otros, ya que nos salvaguardarán de peligros más posibles y reales.

¿Cómo sé si mi hijo tiene muchos miedos?

El miedo en los niños se comporta de forma parecido al miedo en los adultos. Así, el miedo que tiene nuestro hijo sirve para protegerle de posibles peligros. Lo que diferencia el miedo de los niños con el de los adultos es el grado de madurez, independencia y conocimiento sobre el mundo de los peques. Según la edad de nuestro hijo, va alcanzando algún hito de desarrollo y sus necesidades van cambiando, y con ellas la forma en la que se siente amenazado. Según las diferentes edades, podemos encontrar los siguientes miedos evolutivos:

  • Hasta los 6 o 7 meses: Los bebés a esta edad tienen miedo a ruidos fuertes, y a la sensación de caer.
  • De los 9 a los 12 meses, los bebés comienzan a manifestar desagrado ante la separación de las figuras de apego, así como miedo a personas desconocidas.
  • En torno al año, a los miedos anteriores se suman el temor al daño físico, y es muy probable que nuestro peque intente evitar situaciones en las que no se ve seguro: bajar escaleras, subir a un sitio alto, ir al médico…
  • Alrededor de los 2 años: Los peques comienzan a tener miedo a aquello que no conocen (insectos, animales). La sensación de sentirse abandonados se vuelve muy real en determinadas situaciones: ausencia de figuras de apego, oscuridad…
  • Sobre los 3 años: A esta edad, suelen tener miedo a la oscuridad, a ciertos animales, a las máscaras o disfraces.
  • Aproximadamente a los 4 años: Los principales sustos que manifiestan son a la oscuridad, animales, ausencia de figuras de apego, fenómenos naturales muy espectaculares, como tormentas.
  • Cerca de los 5 años, a los de la etapa anterior se añade, de nuevo, el daño físico o a caerse.
  • Sobre los 6 años, el miedo a la oscuridad puede continuar y sumarse el miedo a monstruos, fantasmas, ladrones, etc.
  • En torno a 7 u 8 años, comienzan a comprender la muerte y temen que a ellos o a un ser querido, les pueda ocurrir algo malo.
  • De los 9 a los 12 años, comienzan a manifestarse los miedos de carácter social: a no ser aceptado en el grupo, a suspender un examen, a hacer el ridículo en clase…
Como gestionan los niños los miedos

¿Qué puedo hacer como padre/madre?

La función del miedo, como ya hemos dicho, es protegernos. Muchas veces sentimos que nos protege de peligros que no son reales. Esto ocurre especialmente con los niños: en ocasiones, no entendemos su miedo a una bruja o al fantasma del armario. De esta forma intentamos “convencerles” de que no pasa nada, y se nos olvida que a su edad su miedo es muy real y cumple una función evolutiva. Por ellos, como padres y madres podemos:

Evitar racionalizar su miedo

Para los adultos, la mayoría de las veces el miedo de los niños es irracional, e intentamos convencerles que están fuera de peligro. Puede que muchas veces consigamos que el niño sepa que no hay nada que temer, pero también es muy posible que no lo sienta así. Al evitar frases del estilo: “¿Pero a qué tienes miedo? ¡Ves! ¡Debajo de la cama no hay nada!”, “¿No será que ese ruido que te ha asustado es la vecina?”, no forzamos a nuestro hijo a darle una razón, que expresar con palabras, al miedo y podemos centrarnos en la emoción puramente.

Acudir cuando nos necesiten

Es muy importante demostrarles a nuestros hijos que estamos allí cuando nos necesiten. E igual de importante es acudir con una actitud empática y cariñosa. Entendemos que, en determinados momentos, nuestros hijos pueden reclamarnos más de lo que podemos atenderles. En este caso, puede ser una buena idea anticiparnos a sus necesidades: es decir, no esperar a que nos llame gritando desde su habitación muerto de miedo, sino acercarnos cuando todo está en silencio simplemente a darle un beso, por ejemplo.

Validar y acompañar en la emoción

Siempre decimos, y no nos cansaremos de repetirlo, que, sin el acompañamiento emocional de los padres, los peques no aprenderán a gestionar ellos solos las emociones. Como la mayoría de los aprendizajes en la vida, se necesita de un modelo en el que fijarnos para llevarlo a cabo.

Ofrecer tu ayuda para ser valiente

El miedo es incontrolable. Tened esto en cuenta la próxima vez que le digáis a vuestro peque “¡No tengas miedo!”. Lo que se puede controlar es como nos enfrentamos a ese miedo, es decir, la forma en la que somos valientes.

Pedir ayuda profesional

Igual de importante es que identifiquéis cuando no podéis seguir ayudando a vuestro hijo o cuando su sufrimiento es excesivo. Si alguno de los miedos evolutivos que hemos mencionado persiste o si no sabéis, como padres, la forma en la que podéis acompañar a vuestro hijo, podéis pedir cita para una entrevista gratuita escribiendo a info@lapuertaazul.net o por WhatsApp al 634 505 585.

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