Crónica del taller de habilidades sociales

Hace un par de semanas tuvimos la primera sesión del taller de habilidades sociales. Fue genial!!! Si quieres saber lo que hicimos por si te apetece apuntarte, sigue leyendo.

Para romper el hielo…

Primero hicimos una súper presentación con un pequeño juego con una pelota. A quien le tocara la pelota, era su turno para presentarse, decir su nombre y sus aficiones, gustos, hobbies… Hemos descubierto que teníamos muchas cosas en común y esto nos ha hecho sentirnos más cerca los unos de los otros.

Tras la presentación, cogimos unos globos azules. Antes de llenarlos, escribimos en un papel las cosas positivas de uno mismo y aquellas cosas que cambiaríamos o mejoraríamos. Cada uno metió su papel dentro del globo, lo llenamos y lo dejamos para el final de la clase.

Y después…

Tras llenar los globos nos sentamos e hicimos un ejercicio para ver nuestra conducta ante situaciones que nos acompañan en nuestro día a día. Queríamos comprobar qué tal vamos de eso que llamamos “habilidades sociales”.

Por ejemplo: Tus padres te dicen que estudies mucho porque vas a tener aquello que quieres como recompensa, y durante todo el curso has estudiado para conseguir tu premio. Cuando llega el momento, tus padres te dicen que ahora mismo no pueden comprarte eso que deseabas porque están en una situación económica difícil. ¿Qué actitud tomarías?

Para que fuese más fácil, tuvimos 3 opciones en las que sentirnos reflejados:

  1. Pasiva: Pasando de todo, indiferencia total.
  2. Agresiva: Enfado y rabia a más no poder.
  3. Asertiva: Comprender la situación y hablar las cosas tranquilo.

El ejercicio fue divertido, porque cada uno expuso situaciones de su vida diaria. Muchos se sintieron reflejados en los sentimientos que expresaban otras personas del grupo. Comprobamos cómo cada uno tiene sus habilidades sociales y su estilo, pero en el fondo todos nos parecemos mucho.

Y para acabar…¡sorpresa final!

Lo mejor fue el final de la sesión. Cada uno cogió un globo de otra persona, lo explotamos y lo leímos. Todos los papeles era anónimos, no tenían nombres, solo descripción de cada uno de nosotros. Así que fuimos descubriendo de quien era cada uno. Hubo risas, hubo complicidad, empatía y comprensión. Y por esa razón, no hubo mejor final, que acabar la sesión con un abrazo fuerte de todos.

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